viernes, 8 de julio de 2016

LA AFECTIVIDAD: ABORDAJE TRANSDISCIPLINARIO EN EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
           
Autora:
MSc. Fannys Pérez
Asesora:
Dra. Katiuska Carreño

En la actualidad, de vivencias complejas, el tema referente al desarrollo infantil, ha adquirido una gran importancia para los educadores y estudiosos de la psicología debido a que los primeros años de vida son básicos en el crecimiento del hombre y mujer del futuro. Al venir al mundo, los niños se van desarrollando poco a poco, adquiriendo la capacidad de usar el propio cuerpo, razonar coherentemente y asumir un comportamiento o conducta, lo que será indicador de su maduración. De modo que, las cualidades psíquicas de un individuo no dependen solo del factor genético, según los aportes de teóricos reconocidos existen factores que intervienen en el desarrollo psicoevolutivos como los internos y los externos siendo estos últimos los relacionados con: la alimentación, ambiente, clima afectivo, estimulación y experiencias, que serán determinantes en el aprendizaje social.
Los seres humanos son afectivos por naturaleza propia, manifiestan sus emociones, sentimientos y pasiones de acuerdo al contexto en el que se encuentre, sin embargo se pueden evidenciar algunos individuos un poco más efervescentes que se manifiestan con mayor efusividad. Todos convivimos con ellos a diario y si estos no son afrontados apropiadamente pueden repercutir en la vida del individuo causando daños en su autoestima e impidiendo la autorrealización del mismo, lo que se traduciría en desadaptación social y generaría traumas en la psiquis del hombre.
Es por ello que al docente, se le presenta la tarea de educar la inteligencia emocional de los estudiantes la cual se ha convertido en una tarea necesaria en el ámbito educativo y la mayoría de los docentes considera primordial el dominio de estas habilidades para el desarrollo evolutivo, social y afectivo de sus estudiantes. En otro lugar, se ha defendido e implementado la importancia de desarrollar en el estudiantado las habilidades relacionadas con la inteligencia afectiva en el ámbito educativo, para lo cual se ha realizado una revisión de las medidas actuales de evaluación de la inteligencia afectiva  que son aplicables al aula y se ha llevado a cabo una recopilación de los principales hallazgos científicos que vinculan una adecuada inteligencia afectiva  con mejores niveles de ajuste psicológico.
Sin embargo, a veces se piensa de forma errónea que las competencias afectivas y emocionales no son imprescindibles en los docentes. Mientras que para enseñar matemática o geografía los docentes  deben poseer conocimientos y actitudes hacia la enseñanza de esas materias, las habilidades emocionales, afectivas y sociales que los docentes deben incentivar en los estudiantes también deberían ser enseñadas por un equipo docente que domine dichas capacidades.
Los niños pueden ser participativos, creativos, autónomos, respetuosos de sí mismo y de los demás, solidarios, comprometidos, capaces de resolver problemas, de asumir la responsabilidad por el propio aprendizaje; responsable en la toma de decisiones y consciente de las consecuencias que estas generan para sí y las personas que lo rodean, así mismo, ser capaz de dar y recibir ayuda. Sin embargo, las características descritas solo pueden  desarrollarse en los niños  con la ayuda y estimulo de los adultos significativos, en especial de los padres y los docentes.
De lo contrario nos encontraremos con niños que no saben manejar sus emociones, poco tolerantes, incapaces de manifestar sus sentimientos espontáneamente, inseguros y con autoestima baja lo que debitaría su desarrollo cognitivo y cercenará sus habilidades sociales de integración activa en grupos sociales. Ante lo descrito, es fundamental la presencia y figura de un docente con clara visión sobre la importancia que tienen todas las áreas del desarrollo infantil, capaz de abordar el proceso educativo de manera eficiente para sí mismo y para sus estudiantes, convirtiendo su propio equilibrio emocional en un modelo de habilidades empáticas, de resoluciones, por lo que se tiene que hacer uso de habilidades que le permitan valorar los sentimientos de los niños.
Para finalizar y como parte de la interpretación profunda y experimentada día a día en los espacios de aprendizaje en los cuales me desenvuelvo: los docentes debemos cargarnos del humanismo social partiendo de no solo enseñar meros conocimientos, ni se convertirnos en  desganados gramófonos, al contrario los docentes orientamos y observamos  constante, entendiendo que los y las estudiantes se estimulan también por la adhesión a un maestro comprensivo, empático e interesado en ellos como personas en todas sus dimensiones: sociales, cognitivas, afectivas, morales y emocionales. Ahora  sí que nuestra laborar para educar desde la afectividad parte desde la comprensión de nuestros propios afectos, asumiendo que una sonrisa abre un corazón.


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