LA AFECTIVIDAD: ABORDAJE TRANSDISCIPLINARIO EN EL
DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
Autora:
MSc. Fannys Pérez
Asesora:
Dra. Katiuska Carreño
En la
actualidad, de vivencias complejas, el tema referente al desarrollo infantil,
ha adquirido una gran importancia para los educadores y estudiosos de la psicología
debido a que los primeros años de vida son básicos en el crecimiento del hombre
y mujer del futuro. Al venir al mundo, los niños se van desarrollando poco a
poco, adquiriendo la capacidad de usar el propio cuerpo, razonar coherentemente
y asumir un comportamiento o conducta, lo que será indicador de su maduración.
De modo que, las cualidades psíquicas de un individuo no dependen solo del
factor genético, según los aportes de teóricos reconocidos existen factores que
intervienen en el desarrollo psicoevolutivos como los internos y los externos
siendo estos últimos los relacionados con: la alimentación, ambiente, clima
afectivo, estimulación y experiencias, que serán determinantes en el
aprendizaje social.
Los seres
humanos son afectivos por naturaleza propia, manifiestan sus emociones,
sentimientos y pasiones de acuerdo al contexto en el que se encuentre, sin
embargo se pueden evidenciar algunos individuos un poco más efervescentes que
se manifiestan con mayor efusividad. Todos convivimos con ellos a diario y si
estos no son afrontados apropiadamente pueden repercutir en la vida del
individuo causando daños en su autoestima e impidiendo la autorrealización del
mismo, lo que se traduciría en desadaptación social y generaría traumas en la
psiquis del hombre.
Es por ello que al docente, se
le presenta la tarea de educar la inteligencia emocional de los estudiantes la
cual se ha convertido en una tarea necesaria en el ámbito educativo y la
mayoría de los docentes considera primordial el dominio de estas habilidades
para el desarrollo evolutivo, social y afectivo de sus estudiantes. En otro
lugar, se ha defendido e implementado la importancia de desarrollar en el
estudiantado las habilidades relacionadas con la inteligencia afectiva en el
ámbito educativo, para lo cual se ha realizado una revisión de las medidas
actuales de evaluación de la inteligencia afectiva que son aplicables al aula y se ha llevado a
cabo una recopilación de los principales hallazgos científicos que vinculan una
adecuada inteligencia afectiva con
mejores niveles de ajuste psicológico.
Sin embargo, a veces se piensa
de forma errónea que las competencias afectivas y emocionales no son
imprescindibles en los docentes. Mientras que para enseñar matemática o
geografía los docentes deben poseer
conocimientos y actitudes hacia la enseñanza de esas materias, las habilidades
emocionales, afectivas y sociales que los docentes deben incentivar en los
estudiantes también deberían ser enseñadas por un equipo docente que domine
dichas capacidades.
Los niños pueden ser
participativos, creativos, autónomos, respetuosos de sí mismo y de los demás,
solidarios, comprometidos, capaces de resolver problemas, de asumir la
responsabilidad por el propio aprendizaje; responsable en la toma de decisiones
y consciente de las consecuencias que estas generan para sí y las personas que
lo rodean, así mismo, ser capaz de dar y recibir ayuda. Sin embargo, las
características descritas solo pueden desarrollarse en los niños con la ayuda y estimulo de los adultos
significativos, en especial de los padres y los docentes.
De lo
contrario nos encontraremos con niños que no saben manejar sus emociones, poco
tolerantes, incapaces de manifestar sus sentimientos espontáneamente, inseguros
y con autoestima baja lo que debitaría su desarrollo cognitivo y cercenará sus
habilidades sociales de integración activa en grupos sociales. Ante lo
descrito, es fundamental la presencia y figura de un docente con clara visión
sobre la importancia que tienen todas las áreas del desarrollo infantil, capaz
de abordar el proceso educativo de manera eficiente para sí mismo y para sus
estudiantes, convirtiendo su propio equilibrio emocional en un modelo de
habilidades empáticas, de resoluciones, por lo que se tiene que hacer uso de habilidades
que le permitan valorar los sentimientos de los niños.
Para
finalizar y como parte de la interpretación profunda y experimentada día a día
en los espacios de aprendizaje en los cuales me desenvuelvo: los docentes
debemos cargarnos del humanismo social partiendo de no solo enseñar meros
conocimientos, ni se convertirnos en desganados gramófonos, al contrario los
docentes orientamos y observamos
constante, entendiendo que los y las estudiantes se estimulan también
por la adhesión a un maestro comprensivo, empático e interesado en ellos como
personas en todas sus dimensiones: sociales, cognitivas, afectivas, morales y
emocionales. Ahora sí que nuestra
laborar para educar desde la afectividad parte desde la comprensión de nuestros
propios afectos, asumiendo que una sonrisa abre un corazón.
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