viernes, 8 de julio de 2016


REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD “RÓMULO GALLEGOS”
DOCTORADO EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN


San Fernando de Apure, Julio de 2016
Facilitadora: Dra. Katiuska Carreño          Autor: MSc. Néstor Antonio Hurtado

El docente y la Apropiación de las Tecnologías de la Información y Comunicación en el siglo XXI

Actualmente dentro de las ciencias sociales nuevos enfoques epistémicos son necesarios para avanzar hacia un proceso educativo transformador por ello es importante, que el docente de hoy posea conocimientos mínimos sobre el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), en el campo educativo; esto implica que el docente debe realizar los esfuerzos necesarios para incorporar de forma paulatina a su trabajo académico todas las bondades que las TIC, ofrece a la educación. Significa buscar respuestas, satisfacer las necesidades y problemáticas diversas que el campo educativo ofrece al docente, esto representa un reto que se enfrenta en tiempos postmodernos, por ello, es urgente asumir posturas relevantes que develen esa realidad tecnológica compleja y cambiante cada vez más inmersas en los contenidos en educación primaria.
Es por ello, que sobre la base de la conciencia del docente, su disposición en lo pertinente a la necesidad de perfeccionamiento profesional y personal, para acometer en forma eficaz y eficiente su rol como agente de cambio social, formando a la perspectiva de la autorrealización, como escalafón último de la motivación al logro junto a la actitud proactiva, son pilares necesarios que inducen a construir saberes en cuanto a las dimensiones caracterizantes de la educación para la libertad y autonomía cognitiva de la y el educando basado en una relación horizontal, interactiva, dialógica del proceso de enseñanza y aprendizaje.
En este sentido, el docente de hoy, contempla en su conciencia un gran reto donde una de las cosas más importantes es superar el desconocimiento de múltiple elementos tecnológicos que apoyan a la educación en sus distintas modalidades que amenaza constantemente la estabilidad educativa y social. Cualquier reajuste educativo, implica siempre un reflejo de la actitud y el 2 comportamiento del docente, si se toma en cuenta a su gran ascendencia sobre el resto de los ciudadanos susceptibles de ser moldeados por los maestros, en consecuencia la formación permanente es una estrategia fundamental para impulsar las transformaciones culturales y sociales.
Sin embargo, a finales del siglo XX, surgen a nivel mundial muchas preocupaciones en el ámbito de la formación docente, ya que se pronunciaban nuevos retos en el campo de la tecnología educativa, esto creo una gran preocupación hasta en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), motivado a que una vez entrado el siglo XXI, se espera una gama de información en los niños, niñas y adolescentes en el mundo tecnológico y que son los docentes en especial los de América Latina y el Caribe, debido a que, las y los docentes no mantienen una constante formación permanente y podría traer consecuencias de “choque”, en vista que los nuevos paradigmas de autoformación que son primordiales para la calidad educativa en estudiantes de un mundo caracterizado por el escenario informático.
En ese sentido, la concepción que se tiene hoy de la formación permanente del docente, es muy diferente a la de años pasados, en virtud de la nueva visión holística, participativa e integral del docente activo y protagónico tanto en el crecimiento profesional como en la praxis educativa. Se conjuga un cúmulo de conocimientos ricos en los distintos paradigmas de la educación, apegado a las políticas educativas emanadas del Ministerio del Poder Popular para la Educación en Venezuela, rechazando rotundamente la resistencia al cambio, la cual perjudica el buen desempeño en el campo de actuación académica.
Por consiguiente, los docentes desempeñan un papel determinante en la formación de las actitudes positivas o negativas, con respecto al estudio. Ellos son los que deben despertar curiosidad, desarrollar la autonomía, fomentar el rigor intelectual y crear las condiciones necesarias para el éxito de la enseñanza formal y la educación permanente. Bedoba y Tejedor (2015), sostienen que “La importancia del papel que cumple el personal docente como agente de cambio, favoreciendo el entendimiento mutuo y la tolerancia, nunca ha sido tan evidente como hoy” (p.161), De tal manera, que se evidencia el extenso alcance que tiene la función docente ante los retos que impone una sociedad de la información, demandante de más valores sociales para consolidar la convivencia y la democracia como sistema de vida, en ciudadanos y ciudadanas necesariamente educados para afrontar la función productiva junto a su desempeño social de manera eficiente.
En consecuencia, lo planteado, tiene otra vertiente, la del docente que también es capaz de educarse constantemente, del docente que tiene que prepararse para ser el promotor del cambio social, todo educador sabe que es necesario estar en constante formación, fenómeno enmarcado en los fundamentos de la educación que se ancla en los principios de la educabilidad, la educatividad y el acto educativo, lo cual explica Nassif (2014), cuando refiere:
“Una de las características del ser humano es su capacidad para recibir influencias, procesarlas y en función de esto manifestar conductas. Tal rasgo es factible por la posesión de estructuras concretas y complejas dada su naturaleza biológica como psicológica, pero principalmente debido a la regulación ejercida por los factores culturales constitutivos del entorno social predominante en un momento histórico de su existir; significa que él tiene la posibilidad de educarse, de formarse, para perfeccionarse” (p.45).

Por su parte, la intencionalidad de la educabilidad, viene a tocar la propia motivación del educador por motorizar los procesos de aprendizaje permanente en la búsqueda de mejorar sus capacidades, intelectuales, profesionales y personales, esto implica el dinamismo que viene dado porque el proyecto de vida que se impone cada quien supone la puesta en ejecución de un conjunto de actividades, así como la utilización de diversos medios (recursos), con el propósito deliberado de alcanzarlo; y es una realidad necesaria, o mejor una necesidad del hombre, en este caso del docente, mediante la cual las posibilidades de autorrealización, de personalización y de socialización son factibles. De ésta última característica es posible generar otra como es su carácter permanente, pues la educación está presente en él hasta el término de su existir.
Referente a esto, Arancibia, (2015), plantea que:
“La formación permanente del docente es un tema que involucra a diversos expertos en educación y áreas a fines de la investigación y desarrollos de políticas, modelos y tendencias orientadas a mejorarla profesionalización de la docencia, con el interés central de estimular la excelencia del proceso de enseñanza y aprendizaje, fundamentalmente en época de cambios, los cuales se perfilan como determinantes del devenir cultural, histórico, social y la necesidad de la formación, sobre todo en un mundo en que la información es determinante para el docente” (p 12).


En efecto, la formación permanente del docente es tratada como un punto neurológico en el desarrollo de las reformas educativas que protagonizan el escenario pedagógico latinoamericano desde hace algún tiempo. Finalmente, el docente tiene una gran responsabilidad en el campo tecnológico, que cada día reclama su espacio en las aulas de aprendizaje, done, el papel fundamental de actuación ante este mundo de civilizaciones cibernéticas el docente, se ve en la obligación de autoformarse y culturizarse tecnológicamente para así, aprovechar los beneficios que las TIC ofrecen a la sociedad y al ámbito educativo, donde los más beneficiados son los niños que se apropian de estas herramientas a temprana edad.

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