REPÚBLICA BOLIVARIANA DE
VENEZUELA
UNIVERSIDAD “RÓMULO GALLEGOS”
DOCTORADO EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
San Fernando de
Apure, Julio de 2016
Facilitadora: Dra.
Katiuska Carreño Autor: MSc. Néstor Antonio Hurtado
El
docente y la Apropiación de las Tecnologías de la Información y Comunicación en
el siglo XXI
Actualmente dentro de las
ciencias sociales nuevos enfoques epistémicos son necesarios para avanzar hacia
un proceso educativo transformador por ello es importante, que el docente de
hoy posea conocimientos mínimos sobre el uso de las Tecnologías de Información
y Comunicación (TIC), en el campo educativo; esto implica que el docente debe
realizar los esfuerzos necesarios para incorporar de forma paulatina a su
trabajo académico todas las bondades que las TIC, ofrece a la educación.
Significa buscar respuestas, satisfacer las necesidades y problemáticas
diversas que el campo educativo ofrece al docente, esto representa un reto que
se enfrenta en tiempos postmodernos, por ello, es urgente asumir posturas
relevantes que develen esa realidad tecnológica compleja y cambiante cada vez
más inmersas en los contenidos en educación primaria.
Es por ello, que sobre la
base de la conciencia del docente, su disposición en lo pertinente a la
necesidad de perfeccionamiento profesional y personal, para acometer en forma
eficaz y eficiente su rol como agente de cambio social, formando a la
perspectiva de la autorrealización, como escalafón último de la motivación al
logro junto a la actitud proactiva, son pilares necesarios que inducen a
construir saberes en cuanto a las dimensiones caracterizantes de la educación
para la libertad y autonomía cognitiva de la y el educando basado en una
relación horizontal, interactiva, dialógica del proceso de enseñanza y aprendizaje.
En este sentido, el docente
de hoy, contempla en su conciencia un gran reto donde una de las cosas más
importantes es superar el desconocimiento de múltiple elementos tecnológicos
que apoyan a la educación en sus distintas modalidades que amenaza constantemente
la estabilidad educativa y social. Cualquier reajuste educativo, implica
siempre un reflejo de la actitud y el 2 comportamiento del docente, si se toma
en cuenta a su gran ascendencia sobre el resto de los ciudadanos susceptibles
de ser moldeados por los maestros, en consecuencia la formación permanente es
una estrategia fundamental para impulsar las transformaciones culturales y
sociales.
Sin embargo, a finales del
siglo XX, surgen a nivel mundial muchas preocupaciones en el ámbito de la formación
docente, ya que se pronunciaban nuevos retos en el campo de la tecnología
educativa, esto creo una gran preocupación hasta en la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), motivado a que una vez entrado el siglo XXI, se espera
una gama de información en los niños, niñas y adolescentes en el mundo
tecnológico y que son los docentes en especial los de América Latina y el
Caribe, debido a que, las y los docentes no mantienen una constante formación
permanente y podría traer consecuencias de “choque”, en vista que los nuevos
paradigmas de autoformación que son primordiales para la calidad educativa en
estudiantes de un mundo caracterizado por el escenario informático.
En ese sentido, la
concepción que se tiene hoy de la formación permanente del docente, es muy
diferente a la de años pasados, en virtud de la nueva visión holística,
participativa e integral del docente activo y protagónico tanto en el
crecimiento profesional como en la praxis educativa. Se conjuga un cúmulo de
conocimientos ricos en los distintos paradigmas de la educación, apegado a las
políticas educativas emanadas del Ministerio del Poder Popular para la
Educación en Venezuela, rechazando rotundamente la resistencia al cambio, la
cual perjudica el buen desempeño en el campo de actuación académica.
Por consiguiente, los
docentes desempeñan un papel determinante en la formación de las actitudes
positivas o negativas, con respecto al estudio. Ellos son los que deben
despertar curiosidad, desarrollar la autonomía, fomentar el rigor intelectual y
crear las condiciones necesarias para el éxito de la enseñanza formal y la
educación permanente. Bedoba y Tejedor (2015), sostienen que “La importancia
del papel que cumple el personal docente como agente de cambio, favoreciendo el
entendimiento mutuo y la tolerancia, nunca ha sido tan evidente como hoy”
(p.161), De tal manera, que se evidencia el extenso alcance que tiene la
función docente ante los retos que impone una sociedad de la información,
demandante de más valores sociales para consolidar la convivencia y la
democracia como sistema de vida, en ciudadanos y ciudadanas necesariamente
educados para afrontar la función productiva junto a su desempeño social de
manera eficiente.
En consecuencia, lo
planteado, tiene otra vertiente, la del docente que también es capaz de
educarse constantemente, del docente que tiene que prepararse para ser el
promotor del cambio social, todo educador sabe que es necesario estar en
constante formación, fenómeno enmarcado en los fundamentos de la educación que
se ancla en los principios de la educabilidad, la educatividad y el acto educativo,
lo cual explica Nassif (2014), cuando refiere:
“Una de
las características del ser humano es su capacidad para recibir influencias,
procesarlas y en función de esto manifestar conductas. Tal rasgo es factible
por la posesión de estructuras concretas y complejas dada su naturaleza
biológica como psicológica, pero principalmente debido a la regulación ejercida
por los factores culturales constitutivos del entorno social predominante en un
momento histórico de su existir; significa que él tiene la posibilidad de
educarse, de formarse, para perfeccionarse” (p.45).
Por su parte, la
intencionalidad de la educabilidad, viene a tocar la propia motivación del
educador por motorizar los procesos de aprendizaje permanente en la búsqueda de
mejorar sus capacidades, intelectuales, profesionales y personales, esto
implica el dinamismo que viene dado porque el proyecto de vida que se impone
cada quien supone la puesta en ejecución de un conjunto de actividades, así
como la utilización de diversos medios (recursos), con el propósito deliberado
de alcanzarlo; y es una realidad necesaria, o mejor una necesidad del hombre,
en este caso del docente, mediante la cual las posibilidades de autorrealización,
de personalización y de socialización son factibles. De ésta última
característica es posible generar otra como es su carácter permanente, pues la
educación está presente en él hasta el término de su existir.
Referente a esto, Arancibia,
(2015), plantea que:
“La
formación permanente del docente es un tema que involucra a diversos expertos
en educación y áreas a fines de la investigación y desarrollos de políticas,
modelos y tendencias orientadas a mejorarla profesionalización de la docencia,
con el interés central de estimular la excelencia del proceso de enseñanza y
aprendizaje, fundamentalmente en época de cambios, los cuales se perfilan como
determinantes del devenir cultural, histórico, social y la necesidad de la
formación, sobre todo en un mundo en que la información es determinante para el
docente” (p 12).
En efecto, la formación
permanente del docente es tratada como un punto neurológico en el desarrollo de
las reformas educativas que protagonizan el escenario pedagógico
latinoamericano desde hace algún tiempo. Finalmente, el docente tiene una gran
responsabilidad en el campo tecnológico, que cada día reclama su espacio en las
aulas de aprendizaje, done, el papel fundamental de actuación ante este mundo
de civilizaciones cibernéticas el docente, se ve en la obligación de
autoformarse y culturizarse tecnológicamente para así, aprovechar los
beneficios que las TIC ofrecen a la sociedad y al ámbito educativo, donde los
más beneficiados son los niños que se apropian de estas herramientas a temprana
edad.
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