FACILITADORA: DRA. KATIUSCA
CARREÑO
DOCTORANTE: BELKYS PIÑATE
C.I Nº 8.167.893
En el presente artículo, trato de
plasmar algunas ideas que se presentan, desde la perspectiva filosófica de la
educación, en la cual se analiza la problemática del sujeto, considerado como
un punto de confluencia entre la teoría de la educación y el pensamiento
filosófico. Se demuestra como dicha problemática ha estado presente en la
filosofía prácticamente desde sus orígenes, su pertinencia para explicar los
nexos del binomio filosofía-educación. El ser humano se encuentra íntimamente
ligado a los valores, porque a través de ellos da sentido a toda su vida, es
decir las personas piensan, sienten y actúan en función de valores,
independientemente de lo diferente que sea la sociedad o grupo donde se
desarrolle.
La reflexión sobre los valores,
junto al debate crítico acerca de su empleo social, constituyen de por si
pautas imprescindibles tanto de formación como de información moral. Al
respecto Oliver Reboul, en su Filosofía de la Educación, sostiene que “educar
no es fabricar adultos según un modelo sino liberar en cada hombre lo que le
impide ser el mismo, permitirle realizarse según su “genio “singular.” Esta
declaración con la cual resulta casi inevitable simpatizar, debe ser matizada.
Para que el niño llegue a ser el mismo, la educación debe fabricarle como
adulto de acuerdo con un modelo previo, modelo sea abierto, tentativo, capaz de
innovar sobre lo recibido. El maestro no estudia en el niño el modelo de
madurez de éste, sino que es el niño quien ha de estudiar orientado por un ejemplo
de excelencia que el maestro conoce y le trasmite.
Ahora bien, resulta cierto lo que apunta Hubert Hannoun en Comprendre
l´education: “la escuela no trasmite exclusivamente la cultura dominante sino
más bien el conjunto de culturas en conflictos en el grupo del cual nace”. Esto
es evidente en la modernidad, cuando la complejidad de saberes y quereres
sociales, tienden a convertir los centros educativos en ámbitos de contestación
social a lo vigente. Quien pretende educar se convierte en cierto modo en
responsable ante el niño, como lo señala Hannah Arendt: si les repugna esta
responsabilidad, más vale que se dedique a otra cosa y no estorbe. Para
vislumbrar el sentido que puede tener hoy la educación cuando se mira desde la
orilla democrática, es buscar el sentido de algo es pretender acotar su propia
orientación, su valor interno y su significado vital para la comunidad humana.
Las preguntas con relación a esto serian ¿qué queremos de la educación? y ¿qué
deberíamos pedirle a la educación?
Desde luego no basta con enseñar a los niños unas cuantas habilidades
simbólicas y prepararles para desempeñar un oficio, ni mucho menos inculcarles
hábitos de obediencia y respeto. Es necesario algo más hay que entregarles lo
perplejo del mundo, nuestra propia perplejidad, nuestras frustraciones y
nuestras esperanzas. Hay que decirles pedagógicamente que esperamos todo de
ellos, que les trasmitimos lo que creemos mejor de lo que fuimos pero que
sabemos que les será insuficiente, como fue insuficiente para nosotros. Que
transformen todo, empezando por sí mismo, pero teniendo conciencia de lo humano
su raíz única y verdadera, tratando con los demás.
Desde mi punto de vista el valor de educar debe considerar el fomento de
una educación democrática donde se fomente la mundialización humanista,
reforzando intereses tangibles que no pueden calcularse sino que deben
razonarse. A los niños habría que familiarizarles cuanto antes con las
recompensas distintas al oro, como el placer de no tener amo pero sobre todo no
ser el amo de nadie. Que valoren lo espiritual, cívico, afectivo, estético, que
aprendan a disfrutar con las caricias, con las miradas de agradecimiento, con
la risa, con la charla y el debate, con los paseos, con la mirada al atardecer,
con lo que no tiene precio y nadie puede cobrar a otro. Concluyo con un
pensamiento de Oscar Wilde: “la educación es algo admirable, pero de vez en
cuando es conveniente recordar que las cosas que verdaderamente importan no
pueden enseñarse”.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
-
Foucault, M (1981). Filosofía aquí y ahora.
- Savater, Fernando. (1997) El Valor de Educar.

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