sábado, 9 de julio de 2016

¿CUÁL ES EL VALOR DE EDUCAR (MORAL)?


                                   FACILITADORA:  DRA. KATIUSCA CARREÑO
DOCTORANTE: BELKYS PIÑATE
C.I  Nº 8.167.893
                         
En el presente artículo, trato de plasmar algunas ideas que se presentan, desde la perspectiva filosófica de la educación, en la cual se analiza la problemática del sujeto, considerado como un punto de confluencia entre la teoría de la educación y el pensamiento filosófico. Se demuestra como dicha problemática ha estado presente en la filosofía prácticamente desde sus orígenes, su pertinencia para explicar los nexos del binomio filosofía-educación. El ser humano se encuentra íntimamente ligado a los valores, porque a través de ellos da sentido a toda su vida, es decir las personas piensan, sienten y actúan en función de valores, independientemente de lo diferente que sea la sociedad o grupo donde se desarrolle.
       La reflexión sobre los valores, junto al debate crítico acerca de su empleo social, constituyen de por si pautas imprescindibles tanto de formación como de información moral. Al respecto Oliver Reboul, en su Filosofía de la Educación, sostiene que “educar no es fabricar adultos según un modelo sino liberar en cada hombre lo que le impide ser el mismo, permitirle realizarse según su “genio “singular.” Esta declaración con la cual resulta casi inevitable simpatizar, debe ser matizada. Para que el niño llegue a ser el mismo, la educación debe fabricarle como adulto de acuerdo con un modelo previo, modelo sea abierto, tentativo, capaz de innovar sobre lo recibido. El maestro no estudia en el niño el modelo de madurez de éste, sino que es el niño quien ha de estudiar orientado por un ejemplo de excelencia que el maestro conoce y le trasmite.
    Ahora bien, resulta cierto lo que apunta Hubert Hannoun en Comprendre l´education: “la escuela no trasmite exclusivamente la cultura dominante sino más bien el conjunto de culturas en conflictos en el grupo del cual nace”. Esto es evidente en la modernidad, cuando la complejidad de saberes y quereres sociales, tienden a convertir los centros educativos en ámbitos de contestación social a lo vigente. Quien pretende educar se convierte en cierto modo en responsable ante el niño, como lo señala Hannah Arendt: si les repugna esta responsabilidad, más vale que se dedique a otra cosa y no estorbe. Para vislumbrar el sentido que puede tener hoy la educación cuando se mira desde la orilla democrática, es buscar el sentido de algo es pretender acotar su propia orientación, su valor interno y su significado vital para la comunidad humana. Las preguntas con relación a esto serian ¿qué queremos de la educación? y ¿qué deberíamos pedirle a la educación?
    Desde luego no basta con enseñar a los niños unas cuantas habilidades simbólicas y prepararles para desempeñar un oficio, ni mucho menos inculcarles hábitos de obediencia y respeto. Es necesario algo más hay que entregarles lo perplejo del mundo, nuestra propia perplejidad, nuestras frustraciones y nuestras esperanzas. Hay que decirles pedagógicamente que esperamos todo de ellos, que les trasmitimos lo que creemos mejor de lo que fuimos pero que sabemos que les será insuficiente, como fue insuficiente para nosotros. Que transformen todo, empezando por sí mismo, pero teniendo conciencia de lo humano su raíz única y verdadera, tratando con los demás.
   Desde mi punto de vista el valor de educar debe considerar el fomento de una educación democrática donde se fomente la mundialización humanista, reforzando intereses tangibles que no pueden calcularse sino que deben razonarse. A los niños habría que familiarizarles cuanto antes con las recompensas distintas al oro, como el placer de no tener amo pero sobre todo no ser el amo de nadie. Que valoren lo espiritual, cívico, afectivo, estético, que aprendan a disfrutar con las caricias, con las miradas de agradecimiento, con la risa, con la charla y el debate, con los paseos, con la mirada al atardecer, con lo que no tiene precio y nadie puede cobrar a otro. Concluyo con un pensamiento de Oscar Wilde: “la educación es algo admirable, pero de vez en cuando es conveniente recordar que las cosas que verdaderamente importan no pueden enseñarse”.
  
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


-       Foucault, M (1981). Filosofía aquí y ahora.

                     -   Savater, Fernando. (1997) El Valor de Educar.        

0 comentarios :

Publicar un comentario

ENTRADA

Con la tecnología de Blogger.

Entradas Populares